El Sr. de Endesa

Llamaron a la puerta y yo estaba en casa, así que abrí.

Dos señores me dijeron que eran de Endesa. Querían comprobar mi contrato de mantenimiento. Yo esperaba a unos señores de Endesa para que miraran el contador que llevaba semanas con la palabra “ALARM”. Los señores de Endesa utilizan contadores que no hablan nuestro idioma y mandan a compañías que trabajan para sus distribuidoras de las que no se responsabilizan.

– Oh qué bien, ¡vienen a ver el contador!

– No se equivoque, señora, venimos a revisarle el contrato de mantenimiento. Cuando lo tenga resuelto pasarán a mirarle el contador.

Hicieron preguntas que empezaron a levantarme las sospechas. Me pidieron el DNI, les pedí su identificación. me enseñó una identificación que correspondía Antonio José García González, con la foto de alguien mucho más delgado que él – allí estaba bastante más delgado, me dijo. No sé si él era Antonio José, pero por alguna razón inexplicable, me pareció suficiente.

No le pude enseñar facturas porque las tenemos digitales, pero me pidió que firmara conforme había estado aquí y según quería modificar el contrato de mantenimiento y otras cosas y me dijo que tenía que aceptar una llamada que me harían diciendo que él no estaba aquí pero en realidad sí estaría aquí. Le di el teléfono de mi marido. Cuando contestaron V. no sabía de qué le hablaban. Llamaron a Antonio José. Me dijo que cómo podía ser que no hubiera contestado, le dije que le había dado el número del titular y que yo no era titular. Me dijo que se esperaba y repetía la llamada. Le dije que tenía cosas que hacer. Se puso agresivo. Le cerré la puerta en las narices. Llamé a Endesa, preocupada. Me dijeron que si me habían dado un resguardo que, sí, había pedido, pero que había tenía que pedir porque sino Antonio José se lo hubiera llevado, que con el resguardo no había problema, que el nombre o el DNI del operario no le servían de nada porque ellos subcontratan a empresas cuyos nombres de empleados desconocen, pero que muy probablemente había sido una visita “oficial” y nada de scams.

José Antonio aún estaba en el edificio cuando V. volvió. Fue a hablar con él y no estaba contento. Le estuvieron llamando un par de días más para que suscribiéramos un contrato que no necesitábamos.

Y desde entonces pienso qué difícil tiene que ser la vida de José Antonio, levantándose por las mañanas y sabiendo que tienes que ir a engañar, a defraudar, y que, como vives en el mundo al revés, te crees que puedes ponerte agresivo con la gente que no deja que le tomes el pelo. No sé qué debe ser, José Antonio, vivir sabiendo que tu trabajo no es solo carente de cualquier utilidad, sino que además la gente con la que te cruzas desearía no haberse cruzado nunca en tu camino, no haberte regalado su tiempo para que los defraudaras.

Sr. García González, no se preocupe que no le tomaremos como un ejemplo a seguir.

Leave a Reply