Este fin de semana hemos estado en Tangshan (a 30 km de Nanjing), en el Tangshan EAspring Resort (汤山颐尚温泉度假村), un hotel de “5 estrellas” (chinas) que, según la publicidad, cuenta con 50 piscinas exteriores al aire libre. El balance final es positivo, aunque en ningún momento me he olvidado de que “this is China”.
Ayer llegamos a las 2 al hotel, una hora más tarde de lo que habíamos puesto en nuestra reserva. Pues bien, la recepcionista, que no hablaba inglés, me dijo que nuestra habitación aún no estaba lista porque los anteriores ocupantes habían hecho el check-out a las 12 (¿2 horas para limpiar una habitación?). Me irritó, así que me puse a hablar en inglés, con lo que me pasaron a su superior, la cual me reconfirmó en inglés que la habitación no estaba lista y que podíamos entrar y ya la limpiarían o que esperáramos un rato. Le pedí si me podía dar otra, pero me dijo que no, y en éstas estabámos cuando recibió una llamada y me dijo que ya podíamos subir.
La habitación estaba limpia, pero sin más, limpieza china. Había una báscula que marcaba mal, lo cual hizo que me llevara un susto importante al ver que, de repente, pesaba 65 kilos.
Fuimos a comer algo al restaurante del hotel y… otra vergüenza. El menú en inglés tenía sólo un 25% de los platos que había en el menú en chino. Nos apetecía sopa, así que llamé a la camarera para que me contara que llevaba cada sopa. Cuando tenía problemas en explicármelo, simplemente me decía “meiyou” (no tenemos) y luego le decía a la camarera de al lado: jajaja, le he dicho que no teníamos porque no sé explicárselo. Pensé que no valía la pena discutir, así que pedimos cosas con dibujitos. Aún y así se equivocaron al traer un plato (¬¬’).
Después de comer, decidimos ir a las piscinas de aguas termales, motivo por el cual habíamos ido hasta Tangshan. Nos llevamos otra sorpresa al descubrir que no están incluídas en el precio de la habitación (880 yuanes) y que valían 90 yuanes por persona. Otra vez a hablar con la manager, quien nos dijo que el cargo extra no era porque fuéramos extranjeros, sino que era para todo el mundo así. Increíble que uno tenga que hacer un pago extra para usar las instalaciones de un hotel “5 estrellas”. Los baños estaban bien, pero llenos de chinos. Al entrar te daban una toalla y un par de chancletas (bañador también si te lo habías olvidado) pero en las piscinas los chinos se ponían las chanclas que tenían más cerca y cogían las toallas más secas, así que espero no haber cogido hongos. Además había muchos grupos que se apropiaban de una piscina y se ponían a hablar gritando.
Aunque lo mejor llegó por la noche. Al comprar el pase nos dijeron que la tarjeta nos daba acceso a las termas tanto tiempo como quisiéramos las veces que quisiéramos (¿valdrá el año que viene?) así que, como cierran a la 1, volvimos por la noche. Había muy poca gente y fue cuando realmente las pudimos disfrutar, pues en las piscinas donde había habido 20-30 personas durante el día, ahora estábamos solos.
Finalmente, esta mañana hemos ido a comer el desayuno (incluído) y… más sorpresas. No había nada occidental (bueno, croissants minis, zumos de naranja, sandía y un cocinero haciendo huevos fritos). Del resto, ni asomo: no había bacon, ni leche, ni pan (sólo del chino con sésamo), ni queso, ni embutidos, ni café ni nada de lo que uno encuentra en un desayuno continental. Además todo se acababa enseguida y cada vez que quería algo (sandía o zumo) tenía que pedírselo a la camarera.
Después de desayunar hemos pedido que nos pidieran un taxi para las 12 (Tangshan está bastante perdido; no pasan taxis por la carretera). La manager (ahora ya nos atendía ella directamente) ha dicho que eso requería que dejáramos un depósito de 100 yuanes. Me la he mirado enfadada y le he dicho que ya había dejado un depósito de 2000 cuando la habitación no llegaba a los 1000, así que hiciera el favor de coger el depósito de allí. Lo ha entendido y se ha callado.
A las 12 nos íbamos felizmente a la estación para volver a Shanghai. La visita ha valido la pena, pero creo que tardaremos en volver. Más si tengo en cuenta que el viaje en tren ha estado amenizado por un crío mimado al que su abuelo le daba Coca-Cola que no ha parado de llorar en todo el viaje.
Este ha sido mi fin de semana. Mala comida y buenos baños. Creo que mi piel lo agradecerá
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